El adolescente tiene la apariencia de un Tetris con pantalla de demostración, o de el que se queda mirándolo…alelado. Nació con muy poca gracia y con mucho sueño, tarde y sin apuro, con la misma sangre negativa que su madre.
La madre es como Sonia Braga pero trabaja de dependienta de un local de vestuario femenino. Tiene varices y rosácea. Se casó de joven con un hombre tanto más grande.
Ese hombre tenia fosas en los nudillos de los cuales tomaba agua acumulada durante el día.
Su pelo nunca había caído tan bajo como su moral y se replantaban en su espalda y formaban jardines colgantes de sus orejas.
La única forma de no perderla fue dejarla viuda.
Quedaron solos ellos dos.
Ella tomaba y el sabia.
El fumaba marihuana y ella sabia.
A veces ella quería cambiar su vida por la de el.
Lo cierto es que estaban a la misma distancia del desaliento.
─ Como te fue en el liceo hoy?
─ Bien mamá.
─ Tenía un llamado perdido en el celular de ahí, que pasó.
─ No se, preguntáles.
─ No tengo crédito. Mejor te acompaño ahora y les pregunto.
─ ¿Y tu laburo?
─ No importa que llegue un poco más tarde, ayer trabaje hasta tarde. ¿Que hiciste anoche que cuando llegué no estabas?
─ Me quedé un rato en casa de Camila.
─ ¿Camila?
─ Si, mi chica.
─ ¿Es bonita?
─ Si, tiene tetas grandes…
─ ¡Pablo!
Lo miró divertida y largó una carcajada que se perdió en cascada.
─ Dale, termináte la leche que se hace tarde.
Se levantó largo y pesado, dejó el plato y la taza en la pileta y siguió a su madre a la puerta con el pan en la boca mientras se ponía la chaqueta.
Wednesday, August 15, 2007
PADRE/HIJA
─ El tiempo debería ser diferente para los hombres.
Dijo el anciano sentado a contraluz, no se le veían los rasgos pero se adivinaba la edad por el pasar de la luz en sus canas.
─ ¿Cuáles hombres se merecen un tiempo diferente?
─ Los agónicos...
─ ¿Sus minutos deberían durar más o menos?
─ Su tiempo debería ser un reloj de sol.
─ ¿Y si agonizan a la noche papá?
El hombre dejó que su cabeza cayera como vencida, de venas inconclusas.
─ Se les debería permitir suspender el tiempo y retomarlo al despertar.
─ Si no mueren mientras duermen…
Yo terminaba en ese momento de tender la cama y los miré con signo de interrogación en las cejas, el hombre seguía absorto en su sombra y su hija miraba la lucha de sus dedos por escapar de los anillos artesanales que los oprimían.
─ Entonces serian el tiempo el que muere de agonía.
─ ¿Pero no dicen que es el tiempo el que cura? El semblante de la mujer era indolente.
─ Hablan de tiempos pasados, los recuerdos a destiempo. De los que quedan, del propio tiempo desconsolado, casi humano.
─ Del tiempo infantil, ¿no? El espacio que ellos cuentan entre dos hechos son siglos, como entre cumpleaños, como cuando te fuiste en ese viaje en barco.
─ Si, como el regreso, como tu madre, como oler el atardecer o lamer un vidrio, como el rastro de un olor en un objeto que se funde con el agua de los ojos y se evapora.
─ Como querer robarle tiempo al tiempo, o hacerlo y perderlo.
─ ¿Lo acuesto Señor?
─ Si, si, papá yo me tengo que ir. El próximo domingo vengo.
─ ¿Y tu madre?
─ ¡Ay papa!
─ ¿Va a comer Señor?
─ No aún, voy a leer un momento, hasta que se vaya el sol. Dijo el padre recostándose, su hija le pasó un libro de la mesa de luz y le beso la frente.
Me acerque a la ventana y pude ver el viento, cuando giré luego de cerrarla, el hombre dormitaba con un dedo señalando la página número sesenta y dos donde leí:
“Hay días en que el tiempo se cansa y se queda rezagado, resoplando sin aire como de subir cuestas infinitas llenas de remolinos y horizontes de montañas rusas, con ganas de apagar su taquicardia y de tomarse a si mismo, y otros, en que agotada la paciencia y a sabiendas de todos los finales de todas las historias usa flechas minuteras para dar en las horas cociendo hechos indiferentes, y hay momentos como este, en que respiro por todo el cuerpo y bajo el agua, apenas, y tan suficiente como para seguir siendo transparente, amniótica, esdrújula …”
Dijo el anciano sentado a contraluz, no se le veían los rasgos pero se adivinaba la edad por el pasar de la luz en sus canas.
─ ¿Cuáles hombres se merecen un tiempo diferente?
─ Los agónicos...
─ ¿Sus minutos deberían durar más o menos?
─ Su tiempo debería ser un reloj de sol.
─ ¿Y si agonizan a la noche papá?
El hombre dejó que su cabeza cayera como vencida, de venas inconclusas.
─ Se les debería permitir suspender el tiempo y retomarlo al despertar.
─ Si no mueren mientras duermen…
Yo terminaba en ese momento de tender la cama y los miré con signo de interrogación en las cejas, el hombre seguía absorto en su sombra y su hija miraba la lucha de sus dedos por escapar de los anillos artesanales que los oprimían.
─ Entonces serian el tiempo el que muere de agonía.
─ ¿Pero no dicen que es el tiempo el que cura? El semblante de la mujer era indolente.
─ Hablan de tiempos pasados, los recuerdos a destiempo. De los que quedan, del propio tiempo desconsolado, casi humano.
─ Del tiempo infantil, ¿no? El espacio que ellos cuentan entre dos hechos son siglos, como entre cumpleaños, como cuando te fuiste en ese viaje en barco.
─ Si, como el regreso, como tu madre, como oler el atardecer o lamer un vidrio, como el rastro de un olor en un objeto que se funde con el agua de los ojos y se evapora.
─ Como querer robarle tiempo al tiempo, o hacerlo y perderlo.
─ ¿Lo acuesto Señor?
─ Si, si, papá yo me tengo que ir. El próximo domingo vengo.
─ ¿Y tu madre?
─ ¡Ay papa!
─ ¿Va a comer Señor?
─ No aún, voy a leer un momento, hasta que se vaya el sol. Dijo el padre recostándose, su hija le pasó un libro de la mesa de luz y le beso la frente.
Me acerque a la ventana y pude ver el viento, cuando giré luego de cerrarla, el hombre dormitaba con un dedo señalando la página número sesenta y dos donde leí:
“Hay días en que el tiempo se cansa y se queda rezagado, resoplando sin aire como de subir cuestas infinitas llenas de remolinos y horizontes de montañas rusas, con ganas de apagar su taquicardia y de tomarse a si mismo, y otros, en que agotada la paciencia y a sabiendas de todos los finales de todas las historias usa flechas minuteras para dar en las horas cociendo hechos indiferentes, y hay momentos como este, en que respiro por todo el cuerpo y bajo el agua, apenas, y tan suficiente como para seguir siendo transparente, amniótica, esdrújula …”
Subscribe to:
Posts (Atom)

