Wednesday, July 12, 2006

PEDANTE

En la antigua Grecia se llamaba pedante al instructor de niños. A partir de esta etimología, Antonio Machado y el romántico inglés William Hazlitt observaron por separado un rasgo de carácter inmutable en los pedantes de todas las épocas: su propensión a tratar a los adultos como menores de edad. En el ensayo "Sobre la aristocracia de las letras", Hazlitt apuntó con sarcasmo: "Los pedantes hablan al vulgo como los pedagogos hablan a los niños de escuela, con una actitud de condescendencia. Mientras se dan importancia ante gentes de capacidad inferior, esas capacidades inferiores se ríen de ellos". Que yo sepa, Machado no leyó a Hazlitt pero por boca de Juan de Mairena le respondió a cien años de distancia: "¿Qué modo hay de que un hombre consagrado a la enseñanza no sea pedante? ¿Cómo puede un maestro enseñar sin profesar un saber algo infantilizado?" Según Mairena, el paternalismo del pedante estaría justificado por su generosidad para impartir conocimientos. Sin embargo, la experiencia indica que el pedante sólo es reconocido como tal cuando actúa en escenarios diferentes al salón de clases —una reunión social, por ejemplo— y se obstina en impartir una cátedra no pedida. Como bien señaló Samuel Ramos, el profesor sin aula se distingue por su inoportunidad, por alardear de erudito en las circunstancias menos adecuadas. Pero definir al pedante como un maestro inoportuno daría una idea falsa de su carácter, porque los promotores culturales exentos de pretensiones también intentan por todos los medios educar a la gente que sólo busca diversión o frivolidad. El pedante es lo menos parecido a un promotor cultural, porque en el fondo no le interesa compartir su cultura, sino ostentarla con egoísmo ante un público ignaro. Habría que añadir entonces una apostilla a las definiciones de Machado, Hazlitt y Ramos: el pedante es un maestro inoportuno que infantiliza a su auditorio, pero ante todo es un falso pedagogo, pues se jacta de lo que sabe sin quererlo enseñar.

FEBRERO DE 2001
Giros negros
El pedagogo sin aula
por Enrique Serna
Letras Libres

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